Lucha conjunta

El 3 de junio de 1967, en vísperas de la guerra de Medio Oriente de 1967, el Frente Popular Democrático para la Liberación de Palestina (PDFLP) publicó una declaración conjunta con la Organización Socialista de Israel (Matzpen) bajo el patrocinio del Instituto Bertrand Russell para la Paz. De acuerdo con la declaración, fue publicada “en los últimos momentos antes de que Medio Oriente se hundiera en un baño de sangre”.

Según los firmantes, la fuente del conflicto palestino-israelí es “el despojo de la población palestina local por el asentamiento Sionista”. Como alternativa a la continuación del conflicto y violencia, llaman el reconocimiento de los derechos del pueblo palestino, el retorno de los refugiados y una transformación del Estado de Israel de un estado étnico exclusivo a un Estado democrático en el que “judíos y árabes disfrutarán de plenos derechos civiles y libertad cultural”.

En una segunda declaración conjunta publicada aproximadamente un mes más tarde, las organizaciones firmantes advirtieron de una “paz americana” que se traduciría en la creación de bantustanes para los árabes de Palestina. Según ellos, “la continuación de la política de separación y opresión en contra de los palestinos no va a resolver el problema de la tierra de Israel, al igual que los bantustanes en Sudáfrica no pueden resolver los problemas derivados de la existencia de un estado racista en el Sudáfrica”.

Después de que la Organización de Liberación de Palestina reconociera (de facto) al Estado de Israel y fuera aceptada como observador en las Naciones Unidas en 1974, individuos en los márgenes de la izquierda sionista y dentro del partido comunista comenzaron un diálogo político con la OLP. Este diálogo fue dirigido por el “Consejo Israelí para la Paz palestino-israelí”, encabezada por Uri Avnery. El objetivo del Consejo era conducir a los gobiernos de Israel a que reconocieran a la OLP como un socio para las negociaciones de paz y suavizar las posiciones y demandas de la organización palestina a fin de hacer posibles las negociaciones.

Una gran parte de las reuniones entre la OLP y activistas israelíes pacifistas se llevaron a cabo en el extranjero, pero en paralelo se forjaron conexiones con el liderazgo de la organización en el Territorio Palestino Ocupado, lo que se tradujo en acciones conjuntas desde el comienzo de la década de 1980 y se intensificó con el brote de la Primera Intifada.

A pesar de que las reuniones y acciones conjuntas eran ilegales en los ojos de Israel, y aunque los que participaron fueron percibidos por la sociedad israelí en general como traidores, las reuniones no se llevaron a cabo bajo de manera secreta. Por el contrario, en un esfuerzo por influir la opinión pública israelí, se llevaron a cabo siempre de manera pública. Hasta finales de 1980 Israel no reaccionó en general a estas reuniones, pero luego, durante el gobierno de Yitzhak Shamir, la mayoría de las personas que llevaron adelante el diálogo palestino-israelí y las luchas conjuntas, fueron detenidos, juzgados y algunos pocos fueron enviados a la cárcel.

A pesar de la multiplicidad de los activistas que participaron en estas acciones y reuniones, los principios establecidos por los dos documentos conjuntos a partir de junio-julio 1967 se mantuvieron intactos: el reconocimiento de los derechos nacionales del pueblo palestino, el derecho al retorno de los refugiados palestinos y la transformación del Estado de Israel en un Estado democrático.

Más tarde, durante el proceso de Madrid-Oslo, que omitió las demandas históricas de la OLP y suspendió las decisiones pertinentes de las Naciones Unidas sobre los derechos del pueblo palestino, surgió la necesidad de adaptar las sociedades civiles palestina e israelí a las nuevas realidades políticas. O, aún mejor, de crear una “sociedad civil” que respondiera a las exigencias políticas de este proceso.

Este fue el objetivo del anexo “people-to-people” a los acuerdos provisionales de 1995. Se invirtió una importante cantidad de dinero para promover grupos de diálogo que hicieron caso omiso a las demandas palestinas e incluso forzó un “discurso de paz” y “diálogo” que no mencionó la expansión de los asentamientos, las limitaciones impuestas a los ciudadanos palestinos de Israel, la violación permanente de los derechos humanos de palestinos y las violaciones de Israel de los acuerdos firmados. Al igual que el proceso en sí, la “paz” se convirtió en un concepto opaco que no refleja la situación de los ciudadanos palestinos o la continuación del proyecto de asentamientos de Israel. Estos proyectos crearon un tipo de diálogo israelí-palestino que contradice la rica experiencia acumulada desde 1967 y neutraliza sus mensajes subversivos.

El diálogo “people-to-people” se derrumbó a lo largo del proceso de Madrid-Oslo ya que Israel se negó a renunciar a sus privilegios coloniales. Los socios israelíes a los grupos del diálogo eligieron culpar a los palestinos por la ofensiva militar israelí de octubre de 2000. Más tarde, algunos grupos, en coordinación con los donantes europeos, trataron de “re-domesticar” a sus socios palestinos y adaptarlos a las nuevas demandas de Israel a través de proyectos como la Iniciativa de Ginebra (Geneve Initiative). El dinero que en el pasado se invirtió en proyectos en Israel y los Territorios Palestinos Ocupados se invirtió en el establecimiento de un grupo de voceros internacionales que se reúnirían en conferencias en las capitales europeas para proponer fórmulas a la Autoridad Palestina para que haga frente a las imposiciones unilaterales de Israel.

Sin embargo, el final de la era “people-to-people” creó la posibilidad de proponer la lucha conjunta palestino-israelí como una alternativa política que acepta los principios básicos de solidaridad en el conflicto: el apoyo a los oprimidos en su lucha y el respeto de los derechos del pueblo palestino, el derecho al retorno de los refugiados y poner fin al apartheid israelí.

La propuestas al estilo diplomáticas extranjeras se desvanecieron cuando se enfrentaron a la intransigencia israelí, después de todo, se trataba de documentos de compromiso que los palestinos fueron obligados a aceptar por las organizaciones no gubernamentales israelíes. Pero las actividades de solidaridad en el terreno florecieron, principalmente a través de la participación de activistas israelíes en las manifestaciones contra el Muro y los israelíes también participaron en campañas de Boicot, Desinversiones y Sanciones y han contribuido a denunciar las prácticas coloniales y de apartheid israelíes.

Pero sólo el surgimiento de un movimiento social masivo en Israel ha creado las condiciones para hacer de las acciones de solidaridad de Israel la base de una agenda conjunta para la transformación radical. Las reuniones entre israelíes radicales y palestinos de izquierda nunca fueron interrumpidas, ni siquiera durante los proyectos de “people-to-people” pero a principios de 2011 arrancaron en una coordinación cada vez mayor que incluye movimientos de base y sindicatos de ambos lados de la Línea Verde.

En las raíces de esta coordinación está no sólo el reconocimiento pleno de los derechos del pueblo palestino, sino también el reconocimiento por parte de la sociedad israelí que existe la necesidad de un cambio radical, que incluya una transformación social y política.

En septiembre, en pleno momento de las movilizaciones de masas en Israel, más de 20 movimientos sociales palestinos e israelíes y partidos políticos firmaron una declaración llamando a avanzar a partir de un enfoque coordinado a la lucha conjunta:

“Movidos por nuestra aspiración de alcanzar una paz justa y equitativa en la región, una paz que sea verdaderamente esencial para los pueblos de la región y pueda ayudar a promover la lucha por la justicia y el progreso para todo el mundo, nosotros -fuerzas sociales y políticas israelíes y palestinas, representantes de las asociaciones de mujeres y jóvenes de ambos lados de la Línea Verde- enfatizamos la necesidad de una lucha conjunta, con el objetivo de liberar a los pueblos de la región del colonialismo y la hegemonía, en particular la del Sionismo, poner fin a la ocupación israelí y agresión militar y el apoyo a la justa lucha del pueblo palestino para el cumplimiento de su derecho a la libre determinación de acuerdo con las decisiones de la comunidad internacional”.

Mucho trabajo queda todavía por realizar, la coordinación sigue en el nivel de liderazgo y todavía no existe una agenda de lucha conjunta, pero la base de esa lucha está ahí y puede aún ser desarrollada.

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Ester articulo fue originalmente publicado por el Centro Alternativo de Información   (AIC) 

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