A pesar del “proceso de paz”, la lucha palestina continúa

Palestinian FlagEl proceso programado para la próxima semana en Washington no conducirá al pueblo palestino a aceptar los dictados del imperio de una vida sin derechos. Lo que queda es la lucha. La lucha del pueblo palestino por sus derechos y su dignidad, la lucha de los árabes israelíes para acabar de una vez por todas con el régimen de segregación en su país y la lucha nacional e internacional para imponer nuevas condiciones políticas en Israel por medio del boicot, las desinversiones y las sanciones.

Por enésima vez, el viernes pasado se relanzó pomposamente el proceso de paz en Oriente Medio. Esto se debía a que el imperio forzó la mano del Estado palestino.

Como escribió Eugenio García Gascón en el diario izquierdista español Público, “el presidente Mahmud Abbas debe responder de inmediato dando luz verde a la última propuesta del secretario de Estado estadounidense John Kerry, porque un “no” o una evasiva tendría consecuencias negativas en las relaciones bilaterales”.

Gascón, por supuesto, explica que el Estado palestino no puede permitirse el lujo de enfadar al imperio ya que su presupuesto “depende en gran medida de la considerable ayuda externa. Sólo los Estados Unidos y la Unión Europea en conjunto contribuyen al 40% de dicho presupuesto”.

Esto es una consecuencia de la política contra el desarrollo impuesta por la ocupación israelí. En los últimos cuarenta y seis años, el pueblo palestino en la Ribera Occidental y Gaza ha perdido su soberanía alimentaria, mientras su incipiente industria se ve obstaculizada por las restricciones israelíes a la importación de insumos.

La ocupación israelí ha transformado a un país orgulloso y emprendedor, y a su gente capaz de autoabastecerse, en una masa de marginados que llaman a las puertas de Europa y América del Norte para sobrevivir. Pero ni el régimen militar israelí ni el condicionamiento neocolonial de la ayuda internacional han llevado al pueblo palestino a perder su dignidad y orgullo.

Cualquiera que analice críticamente el “proceso de paz”, que comenzó con la Conferencia de Madrid en 1991, entiende que éste no conducirá a la paz. Al contrario, puede ser el comienzo de nuevos y sangrientos enfrentamientos entre israelíes y palestinos, y posiblemente también de los palestinos entre ellos.

Sin embargo, después de que los delegados israelíes y palestinos se reúnan en Washington la próxima semana, la industria de la paz puede levantar la cabeza con conferencias de la sociedad civil y abundancia de proyectos de reconciliación.

Se distorsionará el lenguaje y las palabras se verán despojadas de su significado para justificar los beneficios de esta industria de la “paz”. La “paz” significará rendirse. La “democracia” significará aceptar los dictados del imperio. Y la “reconciliación” significará la supervivencia sin protestar contra una vida vacía de derechos políticos y sociales. Todos los que no se plieguen a los dictados del imperio llevarán la marca de “terroristas”, “violentos” o “radicales”.

Sin embargo, algunos términos no se pueden distorsionar y tampoco se olvidarán en aras de la realpolitik. “Derecho”, “dignidad” y “rabia” son términos que no se pueden distorsionar ni se pueden borrar. Todos los proyectos de convivencia y todas las conferencias de la sociedad civil en el mundo no pueden erradicar el deseo del pueblo palestino de luchar por sus derechos con dignidad.

En la lucha misma, desde los lugares más íntimos de la dignidad humana, surgen nuevas palabras y formas. Los movimientos sociales de todo el mundo se han comprometido con el boicot, desinversión y sanciones contra Israel para forzarlo a reconocer los derechos legítimos del pueblo palestino.

El proceso programado para la próxima semana en Washington no conducirá al pueblo palestino a aceptar los dictados del imperio de una vida sin derechos.

Lo que queda es la lucha. La lucha del pueblo palestino por sus derechos y su dignidad, la lucha de los árabes israelíes para acabar de una vez por todas con régimen del apartheid en su país y la lucha internacional e internacional para imponer nuevas condiciones políticas en Israel por medio del boicot, las desinversiones y las sanciones.

 

* Este artículo fue traducido al castellano por J.M. y publicado en Rebelion

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